La revista Forbes ha elaborado un ranking con las peticiones más raras solicitadas en hoteles de lujo por los propios huéspedes.

Maite Foriasky, jefe de conserjería en el hotel The Setai tuvo que transformar por petición de un cliente una habitación y decorarla como si fuera un burdel, aparte de comprar ropa interior roja barata para su esposa.

Maite Foriasky también tuvo que organizar el traslado de un tigre de Florida a Miami en apenas un día. La curiosa petición era consecuencia del enamoramiento por parte de un ciudadano inglés de una mujer de la zona. Él le pidió a ella que se trasladara a vivir con él a Londres y ella aceptó con una única condición: que su mascota, un tigre, debía acompañarla en esta nueva aventura. Foriasky tuvo que recurrir al Miami Metro Zoo en busca de ayuda.

La mayoría de las peticiones en los hoteles suelen estar enfocadas al tema de la comida. Un cliente del Plaza de Nueva York se acercó al jefe de encargados para solicitarle comida para llevar. Pero su encargo no fue nada común: quería un lote de tarántulas para comérselas asadas en su casa. El encargado, Rafael Pallais, tuvo que acercarse al Club de Exploradores -famoso por sus “cenas” de animales exóticos- para que le pusieran en contacto con su proveedor habitual de tarántulas.

Un cliente muy rico y habitual del Ritz-Carlton de Cancún quería ver una película al aire libre pero en privado. Lo que en principio no entrañaba muchas dificultades se complicó cuando el huésped especificó que quería que fuera en la playa pero no quería tener contacto con la arena. Así que el hotel envió una delegación a Ciudad de México con el fin de comprar las suficientes alfombras para cubrir una buena extensión de playa.

Algunas exigencias no pueden ser cumplidas por mucho que el cliente sea millonario, el hotel sea de lujo o el encargado se emplee en un 100% por conseguirlo. Un cliente del Resort Sagamore -un complejo hotelero de estilo victoriano situado en el Lago George en Nueva York- solicitó cambiar la chimenea de gas de su habitación por una más romántica de leña. Su deseo no fue concedido ya que supondría cambiar toda la instalación.

Otra petición en el mismo Resort tampoco pudo ser cumplida. Un cliente con poca cobertura en su móvil exigió a la dirección del hotel la instalación inmediata de una antena de telefonía móvil.

Una familia viajó desde Hannover a Berlín para alojarse en el Hotel Adlon Kempiniski. Sin embargo una vez en la habitación descubrieron que se habían olvidado en casa el osito de su hija, y la niña no podía dormir sin el peluche. Así que el encargado del hotel, Raffaele Sorrentino, tuvo que enviar a un empleado a Berlín -cinco horas de viaje- para recoger el peluche de la residencia de la familia.

El encargado del hotel anterior, Raffaele Sorrentino, tuvo que enfrentarse a otra petición a cientos de kilómetros. Un cliente quería comprarle a su mujer un bolso, pero justo ese modelo no estaba disponible en Alemania, sólo se vendía en París. Así que Sorrentino tuvo que enviar a un empleado a dicha ciudad para satisfacer al huésped.

Waldo Hernández, el encargado principal del SLS de Beverly Hills está acostumbrado a trabajar bajo presión y con plazos de tiempo muy cortos. Hace poco tuvo que preparar una cena de aniversario y contratar una banda de mariachis con apenas dos horas de antelación. Las últimas Navidades, un cliente con algunas copas de más pidió en recepción tres trajes de Papá Noel. Eran las 9 de la mañana del día de Navidad. Sin embargo el encargado localizó a un diseñador de vestuario dispuesto a recogerlos del estudio de grabación. Una hora y media después el cliente salía por la puerta vestido de Santa Claus.

Fabricio Bozzolan, encargado del Le Martinez (Cannes) tuvo que recorrerse toda la costa sur de Francia buscando semillas de alcaparra. Y es que una anciana sudamericana quería llevarse estas semillas a su país. Tras una larga búsqueda, el encargado encontró algunas semillas en el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas.

Simon Thomas, del Brown’s Hotel de Londres no gana para exigencias extrañas. Una vez tuvo que comprar una casa y todo el mobiliario para un cliente. En otra ocasión tuvo que organizar el envío de 21 ciervos desde Kuwait a Londres para el cumpleaños de la hija del cliente. E incluso tuvo que organizar la comitiva que transportaría a una estrella en helicóptero desde su barco al hotel. Lo que pasa es que la estrella había especificado incluso el color, la marca y la disposición de todos los coches que la llevarían desde el barco al helicóptero, una distancia de apenas 100 metros.
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Vaya tela lo que hace el dinero ….
Lo de la tarántulas me ha dado una grima espantosa